La crisis de suministros está generando problemas en casi todos los sectores económicos y los principales organismos alertan de que esta problemática continuará durante el próximo año. El descenso del transporte marítimo y el incremento de la demanda que se está produciendo en las últimas semanas -y que se suma al acumulado de los meses anteriores- impulsa el transporte de mercancías aéreo, que se dispara un 30% en noviembre.

Gran parte de los productos que llegan a Europa proceden de Asia y vienen por mar. Con el coronavirus, el coste del transporte marítimo se ha incrementado: el precio de enviar un contenedor con mercancías en barco se ha disparado más de un 300%, aumentando también los plazos de carga, que se han multiplicado por más de diez. Con el fin de los confinamientos emergió una demanda que había estado contenida durante esos meses, se dispararon las reservas y las actividades de transporte de mercancía. Una situación que comienza a azotar en estos momentos a todo tipo de industrias, pero que, en algunos sectores, como es el caso de la automoción ya lleva presente más de un año.

Los problemas con el trasporte marítimo han derivado el tráfico de mercancías al sector aéreo durante el undécimo mes del año, que, en comparación con el mismo periodo del año anterior, se ha disparado un 29%. En el acumulado del año, las operaciones de carga aérea se han disparado un 26% en comparación con el mismo periodo de 2020. Hace pocas semanas, el Banco de España alertaba que las disrupciones en las cadenas globales de suministros podrían provocar una reducción en la tasa de crecimiento del PIB español de entre dos y tres décimas en 2021, y de entre cinco y nueve décimas en 2022, un efecto en el que tendrían un papel destacado los efectos arrastre internacionales.

La mayor parte del efecto adverso sobre el PIB español de esos cuellos de botella estaría asociada al impacto negativo sobre el sector del automóvil, por el elevado peso y relevancia que tiene ese sector en la economía española. Asimismo, las ramas de las manufacturas que se encuentran más tensionadas por estos desajustes son aquellas que, desde una perspectiva histórica, presentan niveles muy reducidos de inventarios de bienes finales y declaran estar experimentando una escasez relativamente importante de suministros.

Impacto en el transporte por carretera

«El transporte de mercancías por carretera está ganando peso en el total del reparto modal en lugar de retroceder en favor de otros modos, algo de culpa tiene también el ecommerce. La tarta a veces crece muy deprisa y la carretera es la que mejor se amolda a variaciones como esas, cosa que no pueden hacer igual ni los barcos ni los trenes» señala Ramón Valdivia, director general de la Asociación de Transporte Internacional por Carretera (ASTIC).

Hasta finales del tercer trimestre, el sector del trasporte por carretera se encontraba en plena recuperación de su volumen de actividad, pese al incremento del 22% del gasóleo y del gas natural -un tercio del coste fijo de un camión pesado- y la subida del AdBlue, un aditivo anticontaminación que ha doblado su precio durante las últimas cuatro semanas. Sin embargo, los malabarismos económicos que hacía el sector para mejorar las cuentas del pasado año parecen estar llegando a su fin.

La falta de suficientes conductores, los retrasos indefinidos en las entregas de camiones por los fabricantes y ahora, el enorme lío de las cadenas logísticas marítimas, vuelven a poner en jaque al transporte por carretera: rutas sin carga de retorno, camiones que han de salir sin completar su capacidad de carga, o camiones parados en espera de que llegue las mercancías previstas están haciendo mella en el sector, que puede volver a acabar cerca de los resultados de 2020, es decir, con una reducción de beneficios de hasta el 15% en comparación con el mismo periodo de 2019.

Fuente: OK Diario 14/12/21